12/11/08

Lance Hebdomadario XVII - CHICHIS BUFONESCAS, por Los Tres Bufones

Aquí me encuentro una vez más, en los llanos de mi existencia. Sentado bajo el techo eterno de una infancia limpia y segura, cebo unos amargos con la vieja pava que me vio nacer. Estoy en casa. He vuelto. Es hora de escribir.

Mail de López
Se dice capilla ardiente, no ardienta.Se dice estudiante, no estudianta.Se dice adolescente, no adolescenta.Se dice paciente, no pacienta.
Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos argentinos con la esperanza de que el mismo llegue finalmente a la Casa Rosada para que, de una vez, Cristina termine de corregir a todas las personas que, correctamente, no la llaman “Presidenta”.
Saludos Mr. Gadda y no dejes de sorprenderme, sea lance del palangre o versión coleccionista de lápidas.

Mail de Niko
Le agradezco su misiva, don López, y espero no decepcio... Me imagino a Néstor en tanga y con unas copitas de champagne en la mano, paradito en el marco de la puerta con la patita levantada, diciendo con voz susurrante y una sonrisa tonta en la carátula: "¡Japi verdey, mister presidenta, japi verdey tu iuuuuuu!"
Auggjjjj!!! ¡Que asco!
Atte., Niko


Homenaje a las jollie femmes

Fieles a las pocas cosas que realmente nos interesan, decidimos en esta oportunidad hacer una pequeña distinción a la criatura más maravillosa del planeta después de la foquita blanca del ártico: la mujer. Pero no nos contentamos con cualquier tipo de mujer, sino que nos buscamos un tipo específico de “hembra fatale” –nos encantan las come hombres- gestado en un tiempo y un lugar igualmente específicos de nuestra Historia: la mujer parisina de los locos años 20.
En esta oportunidad, cada uno de los bufones seleccionó cuidadosamente a una dama en particular para simbolizar nuestro homenaje, y para ello utilizamos una serie de condiciones que a nuestro modo de ver las hermanan y glorifican por igual: las tres debían ser sensuales y seductoras, inteligentes, rebeldes, vanguardistas, bisexuales, amantes de los atuendos exóticos y por lo menos una vez en sus vidas haber mostrado sus tetiñas al asombrado público de la época.
La primera de estas divas fue la más exitosa farsa urdida por una pequeño-burguesa de la campiña flamenca. La segunda fue una escritora famosa, considerada la mejor de su época y la única de su tiempo en recibir un funeral nacional con todas las pompas que dicho evento merecía. La tercera fue una humilde morenita sureña del país del norte que cautivó a toda Francia con el estallido de sus muecas y la velocidad de sus caderas.

Lanceras y lanceros, con ustedes las grandiosas “Chichis bufonescas”:


Colette, por Vincent von Streitsen
Sidonie Gabrielle Claudine Colette (1873-1954), valiente escritora francesa de principios del siglo XX, fue también en sus años mozos una entusiasta bailarina del music hall parisino y con los años ganó varios puestos de prestigio académico (miembro de Academias y esas cosas) los cuales nunca habían sido otorgados a una mujer. Su obra se centra en las fortunas y desdichas del amor más bien “físico” y sus personajes son legendariamente marginales, putas y gigolós de la inigualable generación perdida.
Aquí, sin más preámbulo, les regalo estas bellas y sabias frases de su autoría rescatadas de los rincones olvidados de la santa y magna red:
· Cuando se es amado, no se duda de nada. Cuando se ama, se duda de todo.
· No es algo malo que los niños, ocasionalmente y en forma cortés, pongan en su lugar a sus padres.
· Adoro mi pasado. Adoro mi presente. No estoy avergonzada de lo que he tenido, y no estoy triste porque ya no lo tengo.
· Sólo hacemos bien las cosas que queremos hacer.
· La ausencia total de humor hace la vida imposible.
· El enfermo de amor, el traicionado y el celoso tienen el mismo olor.
· Los defectos de los maridos a menudo son causados por el exceso de virtudes de sus esposas.
· Ninguna tentación puede ser medida jamás por el valor de su objeto.
· Una mujer que piensa que es inteligente, exige los mismos derechos que el hombre. Una mujer inteligente, se da por vencida.
· El aburrimiento ayuda a tomar decisiones.
· Ser feliz. Es una forma de ser sabio.
· ¡Qué maravillosa vida que he tenido! Ojalá me hubiera dado cuenta antes.

Mata Hari, por Niko Gadda Thompson
Pocas mujeres han despertado tantas pasiones y sembrado tanto misterio sobre sí mismas como Mata Hari, la más legendaria espía del siglo XX. Algunos aseguran que aquella bailarina exótica aclamada en París, Berlín y Montecarlo, amante apasionada de un ecléctico conjunto de caballeros influyentes y supuesto miembro del contraespionaje, no era más que una mitómana compulsiva cuyas ínfulas e ingenuidad le hicieron perder el control de su destino hasta cobrarse la vida misma por quedar envuelta en un embrollo conspirativo en el epílogo de la Gran Guerra. Otros, sin embargo, confiamos en la autenticidad de su naturaleza y poco nos importa la veracidad última de sus anecdóticas peripecias.
Margaretha Geertruida Zelle nació el 7 de agosto de 1876 en Leeuwarden, Países Bajos, era la hija de un sombrerero y como señorita de la burguesía, su máxima aspiración social era casarse y criar hijos. Efectivamente así lo hizo, en Amsterdam y con un tal Rudolf Campbell McLeod. Pero el giro de esta historia se da cuando, por motivos laborales de Rudolf, la feliz pareja se muda a Oriente, primero a Java y luego a Sumatra. El choque cultural despierta en Margaretha una vitalidad jamás antes experimentada y en menos de los que grita un mono, la joven esposa europea se hace muy amiga de este nuevo y excitante universo paralelo. En seguida aprende el idioma, se viste de sus costumbres y se identifica con un pueblo que la despierta a la vida.
Sin embargo, donde hay dicha también hay tragedia. Las cosas ya no venían tan bien con su marido quien, alcohólico y frustrado, la fajaba como todo buen cobarde. Como si esto no bastara, tuvo dos hijos con él, y el segundo de ellos -el pequeño Norman- murió envenenado por la niñera. Así, la relación con Rudolf se terminó definitivamente y de vuelta en Europa perdió el juicio por la custodia de su hija debido, según un jurado de pacatos puritanos, a su libertina existencia.
La pupila de la aurora
Allí comenzó su segunda vida. Primero quiso ser en París modelo de modistos, pero no le fue muy bien. Tiempo después, regresó a la ciudad de las luces y, exagerando sus rasgos de por sí exóticos, se hizo pasar por una supuesta princesa de Java que gustaba trabajar de bailarina. Así fue como empezó a protagonizar espectáculos de danza donde alcanzaba la semi desnudez, una osadía poco habitual en aquellos tiempos.
Se dice que su primer benefactor fue el Barón de Marguerie, quien supo presentarla a la alta sociedad. En los soberbios salones y las cálidas terrazas de las mansiones parisinas, nacieron las fascinantes aventuras de la encantadora Mata Hari. Y en los burdeles y demás refugios de militares y políticos de todo el mundo, bailó su imitación de la danza oriental que tanto la había cautivado en su tierra adoptiva. Como todos los grandes personajes mitológicos de la Historia real, nadie sabe decir si ella era consciente de sus actos y artífice de las consecuencias, o si en realidad hacía conforme se daba la situación sin comprender demasiado el plano general de lo que le estaba pasando.
Relataba su biografía, de por sí inventada, de mil formas diferentes, hasta lograr que nadie supiera muy bien quién era realmente. Todo en ella rezumaba misterio, perfidia y contradicciones. Era la estrella neófita del momento. La diva que representaba todo lo excitante y prohibido en el imaginario occidental. ¡Y encima se involucró con la red de espionaje que envolvía a la Primera Guerra Mundial!
Cuando estalló la guerra, ella se encontraba en Berlín siendo la amante del jefe de policía de la ciudad, y un poco más tarde de Kraemer, cónsul alemán en Amsterdam y jefe del espionaje teutón. Éste último pensó en ella para conseguir información de los militares franceses, obviamente a cambio de importantes sumas de dinero. Mata Hari aceptó y se convirtió en la agente H-21. Pero la intriga y la ambición la convirtieron en agente doble. Se ofreció en París al capitán Ladoux, quien estaba al frente del Servicio de Espionaje y Contraespionaje francés.
La conspiración
El cuento oficial dice que los servicios secretos franceses e ingleses comenzaron a sospechar que la princesa trabajaba en realidad para Alemania y mediante una misión de prueba pudieron confirmar sus sospechas, descubriendo que la agente H 21 y Mata Hari eran una sola persona. Pero la trama se complica cuando un “detalle” muy difundido asegura que los alemanes, al decidir que este personaje les resultaba molesto, prepararon la muerte a manos del propio enemigo, tendiendo la trampa al contraespionaje francés para que asociaran a Mata Hari como un agente alemán. La jugada era perfecta. Enviando un mensaje comprometedor y cifrado con una clave, de la que tenían constancia que sus enemigos ya disponían el método de descifrado, provocaron que las autoridades de París creyeran sin reparos en la veracidad de toda la información interceptada. Todo este relato, sin embargo, está supeditado a la creencia de que los aliados sabían de la treta y aún así, por conveniencias políticas y “económicas” –le debían aún muchas comisiones a la víctima- decidieron matarla.
Detenida por la policía francesa cuando regresaba a París el 13 de febrero de 1917, fue condenada sin juicio previo. Dos días más tarde la ejecución de la misma se llevó a cabo en un alejado castillo de Vincennes.
“En cuanto a mí tengo que ser sincera. Mi vida y mis intereses lo garantizan. Hoy día en torno a mí todo se está cayendo. Todo el mundo me da la espalda, incluso aquel por el que yo hubiera puesto la mano en el fuego. Jamás habría creído tanto en tanta cobardía humana. Bien, que sea así. Estoy sola. Me defenderé. Y si debo caer será con una sonrisa de profundo desprecio.”
Perdonó al pelotón de fusilamiento, se negó a que le taparan los ojos y sonriendo se despidió de ellos agitando la mano elegantemente. Por alguna razón, 9 de los 12 fusileros erraron el blanco. A sus 41 años, Margaretha Geertruida Zelle, mejor conocida como la Mata Hari, moría fusilada injustamente.

Josephine Baker, por Mitzuca Chinycó
Siguiendo la línea de mis colegas de homenajear a mujeres valientes y revolucionarias del París de los años 20, mi elección va para esta muchachita de St. Luis que se metió a la Follie Bergere en su diminuto bolsillo, convirtiéndose así en la primera super estrella negra de la historia moderna. Conocida como “La Venus de ébano”, la carismática Josephine no era lo que se dice una belleza, pero poseía un encanto, una sensualidad y un sentido de la comedia tal que la hicieron única en su género. Y encima la guacha se meneaba como ninguna…
¡Pero basta de palabras! Aquí les dejo a la negrita en su salsa pa que la disfruten como dios manda:
Plantation: http://www.youtube.com/watch?v=MsXyDrf9HO0
El famoso “Banana Dance”: http://www.youtube.com/watch?v=wmw5eGh888Y&NR=1

P.D. Un saludo desde el más acá a Gertrude Stein y a Edith Piaf, otras dos locas de la guerra que al igual que las chichis homenajeadas en este Lance, supieron darle vida y motivo de charla a toda una generación de cansados trabajadores y soñadores frustrados que veían en sus figuras otra realidad. Aquí no hemos podido dedicarles el lugar que se merecen, pero cuento con que mis más aplicados lanceritos irán por su cuenta a las fuentes más cercanas a enterarse de quién carajo estoy hablando cuando hablo de Gertrude y Piaf.
Salud y mucho amor, Niko, Vincent y Mitzuca

Izq. a der.: Josephine Baker, Colette, Mata Hari

1 comentario:

Anónimo dijo...

La grandiosa Josephine, al ver el talento y carisma de un mulato guitarrista de las tierras del sur de américa, no dudó en sumarlo a sus filas. Se acompañaron muchos años, los de mayor éxito de ambos, y sazonaron sus famas con un romance poco difundido pero intenso, como corresponde. Dos artistas únicos y, sobretodo, innovadores y llenos de talento. Josephine y Oscar Aleman, argentino y mejor guitarrista de todos los tiempos (al menos para mi). Chin chin, Matute.