28/10/08

Lance Hebdomadario XVI - GEORGIE BOY, por Los Tres Bufones

Al filósofo francés Renato Descartes (1596-1650) le gustaban los buenos manjares. Un día tenía por invitado a un duque que, a la vista de la mesa tan bien provista de buenos manjares, exclamó: “¿Qué veo? También los filósofos aprecian los placeres de este mundo.”
Sonriendo, Descartes contestó: “¿Por qué no? ¿O cree usted que la naturaleza produce las cosas buenas solamente para los tontos?”


Pequeños momentos históricos, por Mitzuca Chinycó
Vicente Juarez del Chamuyo disertaba elocuentemente acerca de la poco conocida superstición euclidiana junto a su camarada y amigo Lord Donthinkson cuando, luego de un retórico giro de inaceptable coherencia, este último, no menos astuto que empedernido, le retrucó: “Sí, sí; todo lo que vuestra merced diga, pero el rictus del ojete duro lo hemos tenido todos.”
Así nació esa famosa aunque inelegante expresión la cual con los años fue variando hasta finalmente transformarse en la un tanto más protocolar “¿Quién no ha sentido miedo alguna vez en su vida?”, adaptada especialmente para las reuniones de salón.

La duda y la comedia, por Vincent Von Streisen
“Los hombres que, presionados por la fe por ellos profesada, se han vuelto como la madera y la piedra, nunca han gozado de mis simpatías. Puedo admirar teóricamente su inquebrantable tenacidad, pero no me gustan. Y aún diré más: yo me considero un hereje en todas las cosas.” (Gorki, escritor ruso)

Existen dos clases de indecisos en este mundo: los indecisos por naturaleza, aquellos que pululan por la vida tomando “grandes” decisiones (subgrupo que no pienso analizar aquí) y aquellos indecisos que lo son por exceso de conciencia. Esta segunda clase de individuo es en definitiva indeciso porque a la larga termina barajando demasiadas posibilidades, o lo que es lo mismo, reconoce en cada una de ellas una cierta porción de verdad irrefutable. Ninguna en sí es más clara o segura; la balanza no se inclina. Lo único certero termina siendo dudar.
Y no es un hecho casual que la duda esté relacionada con la comedia. Pues la comedia es el resultado estético y formal no sólo de la necesidad de reír, sino también de la necesidad que tenemos de mostrarnos indecisos. Como la realidad no es clara, nos reímos de ella. Dentro del chiste opino pero, enmarcada con humor, mi opinión – por contraste – deja de ser solemne. Y como la solemnidad es la altiva y sentenciosa chaperona de la falsa seguridad, mejor alejarse de ellas.

Va, creo.


MÁSCARAS

Grabado de Eva Farji y texto de Lorena Vazquez, amigas por correspondencia de Mitzuca.
Aclaración: estas chicas no son ficticias; existen más allá de nuestros dominios imaginativos y tienen su propio blog.

Hasta hace algunos años, estos trabajos de Eva se encontraban entre las invenciones más controversiales y conocidas mundialmente (recordemos que fueron la inspiración para la creación de las máscaras de goma espuma blanca –similares a la piel del hombre normal- que el gobierno español obligó a usar a los turcos y judíos con el objeto de borrar las diferencias). Sin embargo, la popularidad que alcanzan no es producto de la dudosa generosidad española sino que deviene de la controversia que se genera en torno a una reflexión del polémico F. Nietzsche:“(…) las máscaras de Eva son la culminación de mi obra. Para mi, son de lo más nietzschianas que hay (…)”Es este comentario el que daría lugar a una serie de debates filosóficos acerca de cómo debería escribirse la palabra “nietzschiano”, y si es ético reemplazarla por “nietzschero”.
Ruskin –quien extrañamente no es ruso- escribe lo siguiente:“Antes nos dedicábamos sólo a pensar y dejábamos la ortografía librada al corrector del Word. Sumado a nuestra babia constante, éramos unos verdaderos inadaptados sociales”Paralelo al revisionismo ortográfico que cambiaría las formas de filosofar conocidas, Engels encuentra en la obra de Eva un claro ejemplo de las diferentes máscaras que adopta el capitalismo:“…Tomemos las máscaras de Eva como ejemplo.”Tiempo después, el joven George Lukács, en su célebre Máscaras: el imperio contraataca, denuncia a la obra como “funcional al Sistema” al no retratar al hombre común.
La querella marxista se exacerba cuando se habla de la aparición de una supuesta tercera máscara. Un Horkheimer esclarecedor, recuerda: “Cuando discutían, Adorno y Benjamín parecían un matrimonio burgués. Estar en Frankfurt en esas épocas era insoportable para mí y mi psicólogo me recomendó alejarme de todo”.Según la tesis de Benjamín, la tercera máscara era la síntesis que nos conduciría hacia un mundo feliz y proletario. Adorno, en cambio, fanático de la dialéctica negativa, consideró que la máscara en discordia no era síntesis de nada y negó su existencia.En un intento por conciliar ideas y poner fin al conflicto que tanto lo traumaba, Horkheimer sugirió que las máscaras, en realidad, son perfiles de Eva para poder verse a sí misma desde una visión propia del Arte. Demasiado atrevida para su época, la idea es refutada por S. Hawking en su London Zoo Guide:“No hay nada que pensar, si fueran Arte estarían en un Museo. Peor aún, es ridículo suponer que son perfiles de Eva. De ser así, la pobre era un escracho.”

Comentario epistolar de Mitzuca:
Ese Hawkins sí que era un amargado insolente y de lo más reaccionario. Era tan obtuso el pobre viejo que en una exposición de Picasso lo acusó públicamente de ser un "grotesco latino agitador y sodomita", término este último muy en boga por aquellos tiempos. Lo recuerdo todo muy bien porque yo estuve allí, nadie me lo contó; Pablito lo miró a los ojos un momento y, sacando un crayón azul de su bolsillo, dibujó en la pared de la galería una máscara caricaturesca que reflejaba claramente las facciones del autor del "London Zoo Guide" y "Cosmic Bullshit", entre otros bodriazos filosóficos. Cuando terminó, el viejo le preguntó lacónico: “¿Y usted cree que con eso me hace algún daño?” A lo que el ilustre pintor le respondió: “¿Daño? ¿De qué me habla, buen hombre? Yo sólo pinto lo que veo. Son los tipos como usted los que se encargan de criticar." Y señalando el bosquejo recién hecho, terminó diciendo: "¡Aquí señores, mi última creación! Se titula: Retrato Evaniano de un viejo choto."
Las risas camuflaron la estampida del humillado Hawkins, a quien nunca más se lo vio por los rincones artístico de aquella "jolie" París de mediados de siglo.

Gracias, señoritas, por tan maravilloso blog (www.maquinaotra.blogspot.com). Los Tres Bufones celebramos la iniciativa.

Atte, Mitzuca Chinycó

Queridos bufones,
Mi cabeza venía rota de la última vez que intenté ser eficiente en mi trabajo, razón por la cual no pude dilucidar cómo habían llegado a nuestro blog (y esto es eso que se conoce como pregunta retórica). Lo importante es que, de seguir así, serán siempre bienvenidos.

Saludos y esas cosas, Lorena

Querida Lorena:La respuesta a tu pregunta retórica es otra pregunta retórica: ¿A quién carajo le importa??? Para serte sincero, no tenemos idea... un día nos llegó un mail con la promo de sus "Máscaras" y nos gustó mucho. No todos los días se encuentra uno con un escritor -o escritora- contemporáneo que valga la pena. Cariños y esas cosas, Niko


Homenaje al tío Jorge, por Niko Gadda Thompson
Damas y caballeros, hoy tengo el honor de presentarles al señor Jorge “Georgie Boy” Galindo, un verdadero maestro de lo bizarro; uno de los personajes más excéntricos, hilarantes y auténticos que haya tenido el placer de conocer. Un tipo al que muy poco le ha importado el “qué dirán” de la chusma mediocre; un tartamudo crónico que desde pequeño ha venido desarrollando un carisma de proporciones faraónicas; un cómico nato que ha sabido reírse de todos y de todo; un poeta guerrero cuya voluntad ha sido gobernada por sus propios caprichos y los de nadie más.

Oriundo de Mar del Plata, es uno de los primeros surfistas de nuestro país y uno de los pocos que en el exilio han reemplazado la trillada Europa por las fabulosas islas tropicales del Hawai. Allí vivió casi diez años y corrió olas de casi diez metros, entre muchas otras cosas. Músico de alma, se ganaba la vida tocando en bares y restaurantes de lujo. En una oportunidad, hasta tuvo que competir por el público contra el mismísimo Marley, quien hacía su bolo a unas pocas cuadras de distancia. Corrían los 70´s y la vida era maravillosa.

Jorge es primo de mi vieja y actualmente vive en las Islas Canarias con su fiel compañera, la dulce Leticia, y su hermosa heredera, la pequeña Rocío. Tuve el privilegio de su companía en dos momentos de mi vida, cuando andaba vagando por esos lares del planeta y fui gentilmente hospedado en el seno de su hogar. En ambas oportunidades me quedé con ellos al menos un par de meses, y fueron meses increíbles.

Aburrirse con Georgie Boy es imposible. Solía hacer las cosas más disparatadas con la parsimonia y naturalidad de quien pela una naranja. En un sus arranques aeróbicos, por ejemplo ¡“salía” a correr adentro de su casa!, ida y vuelta desde una habitación a la otra por el pasillo porque, decía: “En la calle hay autos, humo, sol, y esas cosas me desconcentran”. La gente no entendía o no toleraba su constante manejo de la ironía, y se apartaban de él temerosos y confusos. Amante del salmón rosado, la palta y el aceite de oliva, su relación con el mundo estaba siempre teñida de sátira y disparate. Hacía cemento con guantes y antiparras; andaba en juicio con un vecino porque el gallo de éste no le dejaba dormir por las mañanas; se sentaba en el piano y cantaba sólo en inglés, su idioma preferido, ya que con él prácticamente no se le traban las palabras. Y yo me convertí en su público permanente, su fuente de inspiración, aquel que festejaba con sinceridad sus ocurrencias. Fue él quien me enseñó que la vida es una gran broma pesada y que los que se ríen de ella resultan ser los más valientes.

¡Para ti este homenaje, querido tío! Que las musas del surrealismo te sigan acompañando y que nadie te desinfle la alegría de vivir.

Aquí lo vemos disfrutando del “Elastic Swimmer”, uno de sus más legendarios inventos –aún no patentado, por cierto- que consta de un intrincado sistema de arneses y cintas para atar la bici al techo del auto con el cual poder nadarte un eterno “largo” en la pelopincho de tu casa. Verdaderamente ingenioso.

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