29/8/08

Lance Hebdomadario XIII - ESQUEJES BUFONESCOS, por Vincent Von Streitsen

- ¿Qué es ponerse nervioso, Fausto?

- Cuando alguien te hace un chiste y vos no podes ser inteligente y aguantar no decirle nada. Y te enojas y te explota algo en tu cuerpo.

- ¿Y te ponen muy nerviosos los chistes?

- Ya no. Ahora ya aprendí. Dejalo así. Lo ignoro y chau. Y yo sé, yo creo que el que molesta a otro así nomás, después le pasa algo malo a él. Por ahí se cae con algo…

(Fausto Neyra -6 años de edad- en un reportaje para la Revista La Nación)


Palabras.
Simples palabras.
Tontas e ingenuas palabras.
Ellas siguen insistiendo, poco importa para qué.

Epígrafe de “Tres tristes en el Tigre”, título que Vincent Von Streitsen le dio a su ensayo sobre la conexión aparente entre la nostalgia y los repollitos de bruselas.


El problema con este mundo es que, en realidad, no tiene ningún problema; por eso nos toca a nosotros -bestias aburridas- crearlos y sufrirlos para entretenernos así durante el poco rato que nos toca de vida.

Palabras de Mitzuca Chinycó extraídas de su magistral conferencia “Las bondades del calentamiento corporal” dictada –el 22 de diciembre de 1998- en la Universidad de Caracas, Venezuela.


El mundo está totalmente desquiciado. ¡Loco de remate! La gente llora la perdida del amor eterno durante la noche y hace una hora de pilates a la mañana siguiente; vende su tiempo a precio de costo y se limpia el culito con toallitas extra suaves, ideales para estar en sintonía con el canto universal a la mundanal estupidez, esa música chatarra que se nutre con la fibra de nuestras cuerpos y pudre la esencia de nuestras almas dejando un bao sudado con aroma a feromona rancia. La vida es un enchastre de trivialidad, soledad y profundo sufrimiento. ¡Todo es una gran confusión reglamentada, un ridículo disparate organizado! Parece la masturbación compulsiva de un sátiro endiosado.

Típicas boludeces que un joven, austero y despechado escritor vomita cuando su novia lo deja por el beneficio de unas pocas horas de sueño y algo más de concentración en el trabajo. Eso o porque se está tirando al hijo de algún empresario.


Extraña condición esta la mía, sentado a la vera de mis cavilaciones en el oscuro salón de una casona balnearia. Sin un centavo en el bolsillo pero con cuatro habitaciones, dos cocinas y tres baños a mi disposición, escribo estas palabras con algo de recelo y bastante resignación.

No siendo ya joven, pero tampoco un viejo. Nómada, libertino y solitario cual hiohakusha occidental. Amigo de las letras, amante de la pluma, hermano de la lengua. Sé muy bien que no sé bien lo que bien se puede no saber. De lo otro, menos.

Activo y soñador, soy las dos y ninguna cosa. No hay título, no hay rótulo, no hay color. Ni siquiera es suficiente mi condición de indefinible; huérfana de nombre y ciega de razón, mi vida sigue y es absurda. No hay pobreza ni riqueza. No hay talento ni pasión que devore las opciones y se ría de las dudas. Mi alma se alimenta de cualquier cosa. Todo lo mastica con amor, pero con ese amor fraternal que no sabe de coito, que no entiende de sangre; hasta ahora puras pompas de jabón.

Allí sigo protegido de la lluvia, con mi amigo Merlot y la piel de gallina, escondiéndome un momento en este viejo caserón. Enciendo un cigarrillo y mi mente se coagula en un caldo de sopor.

Primera versión publicada de“San Lorenzo y Sarmiento”, por Niko Gadda Thompson. Escrito el 18 de febrero del 2005 en la esquina familiar de Mar del Plata.



RECOMENDACIÓN AL PASO: ALQUILENSEN “LOS EDUKADORES”



El arte es una forma satisfactoria de regurgitar la locura que busca una salida de nosotros mismos y no siempre encuentra el camino correcto. Así y todo, jamás las notas en la partitura, la pintura en el lienzo ni la tinta en el papel podrán compararse a la impronta de la vida misma. Porque en el arte hay espacio -y tiempo- para la premeditación. La realidad jamás podrá igualar en prolijidad a los juegos de ficción. Desde el punto de vista técnico, nunca hay tiempo de ensayar nada.
El arte es un claro –y “prolijo”- reemplazo de la vida por el relato (pintado, bailado, narrado, etc.) de la misma. Así como se lee para “expandir los horizontes más allá de nuestros recuerdos”, se escribe para “expandir los horizontes más allá de nuestras propias acciones”. Y así con todas las artes. La ficción, en definitiva, es aquello que bien podría pasarle a uno, aún considerando a las historias más disparatadas, pues no se trata de vivirlas, sino de sentirlas como vividas, aunque más no sea como testigos privilegiados de las mismas. Esa característica de la ficción –su naturaleza vivencial, aún siendo artificial- nos es suficiente para desearla y consumirla, apropiándonos así de su esencia más íntima: el placer que proporciona la ilusión misma de vivirla.

Todo esto es muy lindo, pero aún así jamás podrá compararse realmente con la vida misma, la más sublime y universal forma de improvisación, de creación. En ella no hay segundos intentos; todo queda archivado y es presentado al público tal y como se hizo la primera vez.
Por supuesto existe el arte improvisado, así como los ensayos en la vida real (el ensayo de una declaración de amor, de una argumentación en un juicio, de un pedido de aumento salarial, etc.), pero podríamos decir que aquí los signos se invierten; la improvisación en escena le pertenece, antes que al arte, a la vida misma, mientras que el ensayo en vida es hacer de un acontecimiento real, un producto de nuestra inventiva y, por ende, de nuestro arte.
En mi opinión, son los más osados aquellos que buscan su satisfacción, su arte, en la vida misma, y al hacerlo arriesgan más de lo que cualquier mortal osaría imaginar. Por supuesto, los resultados son extremos; las peores estupideces son también propias de aquellos los más osados. Como dice el dicho: “el que arriesga mucho gana mucho, pero si pierde lo hace como ninguno”. Y aún así jamás cede; es más, algunos incluso hacen de la pérdida un motivo de orgullo, de la desesperación una herramienta de seducción, de la autodestrucción un fabuloso estandarte.
Por eso los más valientes artistas son aquellos que reflejan su locura en la vida cotidiana, haciéndolo de tal manera que terminan creando verdaderas obras maestras.

El carisma no es otra cosa que el grado intrínseco de esa valentía.


“Sobre el Carisma”, bla bla bla, por Mitzuca Chinycó


En el psicoanálisis el paciente expone su discurso y el analista dirige el rumbo de la conversación hacia aquellos puntos que sean necesarios elaborar. En la lectura de algún texto místico -el I´Chin, por ejemplo- son los elementos (los astros y los libros) los que proponen el discurso y le toca al paciente rellenarlo con su propia interpretación de lo que le está sucediendo. En el primer caso el peligro de “negligencia” radica en la subjetividad del analista, en lo desacertado que esté en su análisis del discurso del paciente. En el segundo caso, donde es el paciente el que se encarga de la interpretación final del discurso propuesto por ese “otro” escrito e impersonal, el peligro de “engañarse” –más bien por el ejercicio de la negación- es responsabilidad pura del interesado.
En la Astrología y el Tarot ocurre algo muy parecido sólo que son las tres variables –analista, lectura de algún elemento y paciente- las que se combinan en un formato algo más complejo que el anterior.
Así y todo, estos distintos formatos son más o menos la misma cosa: un trabajo en equipo donde hay uno que tira la curva y otro que completa el círculo.

La verdad siempre estará en uno. Que cada cual escoja su mejor manera de enfrentarla.

(Extraído de “Interpretándomela”, ensayo metastático por Vincent Von Streitsen.


- ¿Y te casaste?

- De eso nada. Sería como incendiar una casa entera solo para dorar una tostada.

(Uno de los personajes de Benny en su legendario programa de TV “El Show de Benny Hill”)


Espero que hayan disfrutado al menos uno de estos esquejes literarios que andaban juntando polvo en los estantes de la virtualidad. Metáforas pelotudas aparte, de nosotros para ustedes.

Supercalifragilisticoespiralidosamente, Vincent

P.D. ¡Volvieron las chistes gráficos de Mitzuca! Claro que sí, niños y niñas de la junta hebdomadaria. Para ustedes los amantes del particular sentido del humor de este japonés senil y desquiciado. Se viene una nueva camada de entregas delirantes. ¡Esperamos que la disfruten!

2/8/08

Lance Hebdomadario XII - CUATRO DE LOS FANTÁSTICOS

Más valioso que tener ideales es tener deseos y proyectos, más valioso que tener grandes palabras es tener palabras propias. Más importante que imaginar que uno carga en sus hombros con la humanidad entera es dar los pasos propios, limitados, concretos, necesarios y útiles. Claro, también es más difícil. (Rozitchner, filósofo argentino)

No sabemos qué viene primero, si la fascinación de los creado o la que se tiene por el artista. Tampoco sabemos si debemos perdonar o no sus defectos en virtud de sus creaciones. Mucho menos si la verdad está en las manos que moldean el barro de las artes. Lo único que sabemos es que, a la larga, poco importa todo ello.
Aquí no hemos venido a juzgar, sino a disfrutar de ese Otro que hace cosas y que está bueno que las haga porque la vida es corta y uno no puede hacerlo todo. Hemos venido también a reírnos, a reírnos de lo ajeno tanto como de lo propio; porque reírse es reírse de uno mismo, o no es reírse. Hemos venido a soñar, a soñar despiertos, ese viejo cliché que nos sigue alimentando con sus riquezas infinitas. Porque la vida no alcanza y el placer en la vigilia suele ser muy poco.
Los que hacemos estos lances creemos en la celebración de la creatividad más allá de todas las escuelas, de todas las tendencias y de toda esa moralina diseñada para criticar, calificar y empaquetar aquello que por el bien de nosotros mismos, debería permanecer libre.

Sin más preámbulos, hoy celebraremos a cuatro grandes artesanos que han hecho de sus vidas verdaderas obras maestras.

De Chaplin hace mucho que no se escribe, de Auguste Rodin se escribía una cosa y ahora se escribe otra completamente distinta, de Juan Filloy nunca se escribió nada y de Pity Alvarez se escriben muchas boludeces. Nuestros tontos corazones de príncipes valientes nos llaman a rescatar, en forma de homenaje, a estos cuatro juglares y bandidos de sus respectivos extravíos. Para honrar a uno de ellos hemos invitado a su viejo amigo, don Rosendo Ochoa, baquiano lector y compinche de la casa.

Chaplin, por Mitzuca
Charlie, en primera persona, hablando sobre el vagabundo (the tramp):

Ya saben, este muchacho tiene varios “lados”: un vagabundo, un caballero, un poeta, un soñador, un solitario, siempre ávido de romances y aventuras.
Él te va a hacer creer que es un científico, un músico, un duque, un jugador de polo. Sin embargo no está por encima de juntar colillas de cigarrillos del piso o robarle el dulce a un bebé. Y por supuesto, si la ocasión lo amerita, pateará a una mujer en su trasero, ¡pero sólo en un enojo extremo!
El niño que nunca creció: andrajoso, congelado, hambriento, pero aún así asomando su nariz al mundo.

Charles Chaplin nació en un rincón oscuro del Londres victoriano y terminó revolucionando el cine, la comedia y a la mitad de este loco, loco mundo. Existe una inagotable bibliografía sobre su vida y su obra, incluso él mismo publicó una autobiografía de sus aventuras hasta el momento de hacerse famoso la cual le ha salido tan entretenida como cualquiera de sus películas. Así que no hace falta que les hable demasiado de él. Vuelen cual alegres palomitas hasta la fuente de datos más cercana y lean cualquier cosa que se haya escrito sobre este ilustre trotamundos. ¡Joder, y vean sus películas!
Lo que sí les puedo contar es lo que me respondió aquella vez cuando, en medio de una juerga loca en Okazaki –lo recuerdo porque fuimos al Dragón Erguido donde solía trabajar mi madre- lo miré a los ojos y le dije: “Oye, Charlie, ¿por qué no haces una peli que denuncie a todo este puto sistema capitalista de una vez por todas?”
Y él me dijo: “¡Pero si ya la hice, cabrón! ¿Acaso aún no la has visto? Se llama Tiempos Modernos. Verás que te va a gustar.”

¡Y estuvo bien buena!

Auguste Rodin, por Vincent
El mundo sólo será feliz cuando todos los hombres tengan el alma de artistas, es decir, cuando todos sientan el placer de su labor. (Rodin, Testamento)
Existen hombres y mujeres que están marcados a fuego, desde muy pequeños, por una pasión determinada. Dichas pasiones –abrigadas con los ropajes de una existencia mortal determinada por sus circunstancias específicas- suelen desembocar en nuevas formas de ver el mundo. René François Auguste Rodin fue uno de estos hombres, cuya pasión por la escultura, un origen humilde, la temprana decepción de su padre, una preparación mucho más artesanal que académica y una sociedad reacia a los cambios bruscos, marcaron con su obra el punto de inflexión de un arte admirado pero olvidado por las manos siempre inquietas de la renovación.
“Propiedad del genio es provocar la sorpresa, crear la confusión, despertar la envidia, inspirar negaciones, hasta la hora en que, por fin reconocido y aceptado, se eleva para siempre por encima de las querellas de camarillas y de escuelas”, escribió refiriéndose a Rodin un viejo amigo. "Rodin es el más grande escultor de los tiempos modernos. Este hombre supo legarnos otra vida. El mármol prodigioso que representa El beso es indudablemente la consagración más poderosa que el arte haya hecho del amor; y El Pensador, ese pensador que parece roerse el puño para buscar la verdad; en su frente anidan todos los pensamientos que la humanidad ha tenido..." afirmó Manuel Toussaint, crítico y escritor francés de la primer mitad del siglo XX.
Miope en alto grado, alumno de la Escuela de Artes Decorativas (apodada la “petite école” en la jerga estudiantil para contraponerla a las “grand écoles” mucho más prestigiosas, aburridas y remilgadas), conocedor tardío de clásicos como Homero, Dante, Shakespeare y Boudelaire, se desenvolvía muy bien, no obstante, en el presente y su entorno. Tenía “calle”, como decimos en casi todo el mundo. Y tenía ideas nuevas.
Poco se sabe de su vida entre los 24 y lo 37, salvo que a los 35 descubrió a Miguel Ángel… y al fin no se sintió tan sólo. De su obra dijo: “Todas las estatuas que él hizo son de un apremio tan angustiado que parecen querer romperse a sí mismas. Parecen querer ceder a la presión demasiado fuerte de la desesperación que las habita”. Más tarde tuvo una segunda e inesperada fuente de inspiración: la desconocida labor escultórica de Edgar Degas.
Como la mayoría de los hombres que dejan marca en este mundo (de los cuatro aquí homenajeados no se escapa ninguno), Rodin era un libertino insaciable, y entre sus mayores conquistas -a la vez que su peor condena- figura la aristocrática Camille Claudel (hermana del famoso escritor Paul Cluadel). No sólo se enamora perdidamente del maestro sino que demuestra ser una de sus más fieles herederas para terminar sola y olvidada en un hospicio de lunáticos… En fin, la historia nos enseña que la miel no tendría sabor si las abejas no picaran. Nadie está exento de fantasmas.

Juan Filloy, por Rosendo Ochoa
Don JF, como así gustaba llamarse el hombre, es el desconocio má jilustre de toda la historia de mi querida provincia. Apodao el “rebencazo gringo” por los paisano de aquellos tiempo, don Juan era un putañero padre y fue adorao por más de 567 agradecidas profesionale. Su bajo perfil al respecto no era mera maña; además de ser un eximio semental incapa de dejarse domeñá por mujer alguna, fue también caricaturista, militante activo durante la Reforma Universitaria del 18, socio fundador de Talleres de Córdoba, réferi de boxeo, fundador del Museo de Bellas Artes de Río Cuarto, fundador también del Club de Golf de Río Cuarto y juez de la Corte de aquella misma ciudad. Vivió, sin ir más lejos, hasta los 107 años.
Ahora bien, por sobre toda esta curricula fascinante, Juan Filloy supo ser un excelente y silencioso escritor. Por alguna misteriosa razón que sólo responde al llamado del amo, sus ediciones no superaban los pocos cientos de ejemplares y sólo los repartía entre la gente amiga.
Así y todo, ya lo dice el refrán: “Lo que es grande se nota”. Algún listillo descubrió la pólvora y recién ahora se lo está empezando a reeditar. A mí, personalmente, no me caben dudas que en poco tiempo lo van a comparar con sus contemporáneos más machotes.
Así que los invito a que sean los pioneros de este universo literario imposible de disimular. Cualquiera de sus obras es buena; yo les recomiendo que empiecen por “La Potra”.

Pity Alvarez, por Niko
“Hoy lo que falta es el tiempo. Mañana va a ser el agua.”

Al final resulta ser que los seguidores de la disuelta Viejas Locas que hoy reniegan de los cambios de rumbo que el Pity está teniendo con Intoxicados, no se diferencian en mucho a los conservadores, reaccionarios y ortodoxos que tanto parecen repudiar. Mucho “legalicen la maría” y “estamos en contra del sistema, loco” pero a la hora de la libertad de expresión, no toleran que el artista se desvíe de lo que venía haciendo –que es lo que a ellos parece sentarles cómodo- y lo tratan como un traidor, como un careta que se pasó al pop y encima ahora flirtea con la electrónica. “¡Malditos primates ignorantes!”, diría el señor Burns. Los caretas son ellos mismos que no pueden ver más allá de sus inmediatos horizontes. ¡Si quieren escuchar siempre lo mismo, ahí tienen los discos ya gravados para pasarlos una y otra vez! Y esto va para todos los fanáticos unidimensionales.
El Pity, como cualquier ser humano con un mínimo sentido de la búsqueda, prosigue su camino, se fuma un par de churros y se pone a delirar. El que no lo entienda, ¡que le den por culo!
Y al periodista o hijo de buen vecino gilipollas que no pueda ver la maravillosa complejidad de una persona sensible y creativa que ríe, que sufre y que vive como pocos en este aburrido mundo, ¡que le den por culo también!
En un mundo de adictos al consumo de zapatos y celulares lujosos, un tipo que se droga es un adicto más, y nada más que eso. Al menos el Pity es un artista. Y sucede que el arte es un medio donde se puede ser egoísta, obstinado, maquiavélico y hasta drogadicto -llegado el caso- y aún así sacar algo de provecho. Pintar para no estresarse, escribir para no pirarse, componer para no matar al vecino de la esquina.
Los demonios no son el problema, pues los demonios estarán siempre. Lo que importa es lo que hacemos con ellos. Y sobretodo, cómo lo hacemos.